“La zarigueya muerta” Ma vie dans le yoga

Esa soy yo, así me veo, así me siento y así le hago para que la maestra no me diga nada, me hago la muerta. Yo que era toda flexibilidad me he ido endureciendo.

Llegar el primer día y toparte a todas las practicantes hechas un elástico y ver que tu a duras penas tocas la punta de tus deditos al agacharte es bastante vergonzoso, volteó y una señora de 60 años puede hacer más feliz a mi ex novio que yo. De verdad. Y entonces cuando pienso desistir a los 15 minutos dice la instructora: Equilibrio, recuerden que esto es equilibrio, control de tu cuerpo de tu respiración, CONTROL. Equilibrio es igual a control. Y YA AHÍ ME ENGANCHÉ, como la controladora anónima que soy.

Aprender a controlar tu cuerpo, tu respiración ¡carajo! se supone que soy locutora y no estoy respirando bien, aprender a que tu cuerpo y tú son uno mismo, que tú lo diriges, que lo desenmarañas, que le ordenas estirarse por primera vez en su vida y descubrir músculos y dolores que no sabías que tenías. Le pido que recuerde, que recuerde como podíamos hacer un arco hacía atrás porque dicen que el cuerpo tiene memoria, que recuerde cómo acostarse panza pa´rriba sin dolor alguno en la columna. Que recuerde poco a poco y luego abrazarlo con todas mis fuerzas y besarlo, abrazarlo y acurrucarlo y respirar y exhalar y volverlo a abrazar y volverle a decir: “ya, ya pasó, ahora relájate”. No lo había tratado así de bonito NUNCA… NUNCA!

Eso sucede con cada uno de nosotros la vida nos ha ido endureciendo, volviendo poco flexibles, poco tolerantes, ajenos a respirar y propensos a abandonar nuestro cuerpo, por eso cada vez nos alejamos de lo que éramos y nos transformamos más en lo que somos, si es para evolucionar bienvenido sea, pero si es para no moverte, para estancarte y para volverte roca suele ser muy duro.

Así que una vez reflexionado esto, aun cuando me dijeron pon tu mente en blanco y que no pude. Decidí que lo seguiré haciendo. La cobra me sale como salamanquesa fumigada, el arco me sale pandeado, no llego a mis pies, mi cadáver siempre está vivo, sólo puedo jactarme de la posición del perro. Háganse para allá que de esa nadie se ha quejado.